viernes, septiembre 08, 2006

El llanto

Esa acción tan desagradable y a la vez tan desahogante; y, en la mayoría de los casos, necesaria. Casi tan incontrolable como los impulsos mas comunes: la ira, el deseo… el llanto… Si se quiere tan automático como el hambre y el sueño… El llanto…
Conozco el llanto en sus distintas facetas (no me atrevo a afirmar que en todas), y es un mecanismo de defensa tan natural que es casi inhumano considerarlo incorrecto, inapropiado e incluso inaceptable ante la sociedad, pero se considera así…
La más profunda de sus facetas es cuando las lágrimas corren tan natural y silenciosamente que es casi imperceptible el nudo en la garganta que se forma mientras brotan… Cuando es automático y no está presente el deseo o la obligación de detenerse… Simplemente se llora, sin razón aparente (o al menos inmediata) y la frustración por la que se llora queda en el límite en el que ni está presente ni no lo está. Simplemente es como un divino éxtasis en donde se tiene presente el problema solo en el subconsciente, y alrededor nada existe, solo ese cálido líquido que brota y corre con una facilidad tan automática que logra ser extraordinaria… fantástica… el llanto.

Quien se haya visto sumergido en esta situación sabe a lo que me refiero, pues, no se necesitan razones… de hecho, no se necesitan razones para nada en la vida, pero el hombre tiene ese mal hábito de justificar sus acciones y reacciones, convirtiendo así al llanto en la reacción de algo triste, convirtiendo al llanto en una muestra de debilidad, cuando, si se llora profundamente es algo tan natural como sonreír, que vendría siendo lo mismo… una reacción física procedente de un sentimiento. Pero, ¿Cuántas veces no nos hemos hallado riéndonos sin ninguna razón aparente (inmediata)? Así, como se aprende a reír se aprende a llorar.

La sutileza de las gotas quema las mejillas, el ardor en los ojos y la humedad en las fosas nasales, acompañados de un viaje mental hacia la nada, hacia el todo, hacia lo posible, hacia lo imposible, hacia donde se quiera, o incluso… hacia donde no se quiera.
Mi repulsión hacia el llanto contiene esta excepción, esta forma de llanto con la que es difícil conseguirse pero que he tenido el placer de experimentar.
Es MI llanto, un acto privado y sin espectadores, como en cualquier arte: el cantante no necesita un público para cantar hermoso, es el momento íntimo en el que la meditación es protagonista. Sin amargura ni frustración, sencillamente fluye como un río por su caudal.

Veronica
29/10/04